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Como viajar y entrar gratis a Chichén Itza

Un poco de historia

Chichen Itzá fue fundada hacia el año 525 D.C y fue la ciudad más poderosa de la península entre los años 550 y 900 de nuestro siglo; durante ese periodo el sitio alcanzó las proporciones y características urbanas que aún conserva, aunque actualmente está reestructurada gran parte de ella. Como centro de poder económico, político y religioso se caracterizó por su compleja organización y la construcción de su arquitectura monumental.

La zona arqueológica de Chichén Itzá fue inscrita en la lista del Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1988. El 7 de julio de 2007, fue reconocida como una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo, por una iniciativa privada sin el apoyo de la UNESCO, pero con el reconocimiento de millones de votantes alrededor del mundo.

¿Qué hice?

Mucha gente se preguntará: " ¿Qué, gratis???" o dirá: "En esta vida no hay nada gratis". Frase con la que estoy de acuerdo pero siempre hay algunas excepciones. No siempre todo tiene que tener un precio. El valor, desde mi punto de vista, no está en lo material ni en lo superficial, sino en todo lo contrario: lo que no se ve.

Pasemos a los hechos. Lunes. Me levanto temprano y decido ir a ver las ruinas, la famosa pirámide que es una de las Siete Maravillas del Mundo. El día anterior, domingo, es gratis por los nacionales, los mexicanos pero no para el resto, claro. Pero, de todos modos no soy mexicana y tampoco me iba a a ser pasar por una de ellas, como en otra oportunidad.

Desde donde estaba, Tulum, una ciudad que está en el Caribe mexicano, a Chichén Itza hay unos 240 kilómetros, unas dos horas y media aproximadamente o un poco menos. Se encuentra más cerca de Mérida, en el estado de Yucatán. En maya, Chichén significa Boca del pozo de los Itzá, brujos de agua y está desglosado de la siguiente manera: "Chi" (Boca), "Che'en" (Pozo), "Itz" (Mago, Brujo) y "a" (agua), al unir las palabras se obtiene la boca del pozo de los magos del agua.

A las siete y media ya estaba en la ruta haciendo dedo. Hacía calor, lo más común por esta zona caribeña. Esperé un rato pero no mucho y para una camioneta. Iba para Xemax, un pueblo que está a mitad de camino.

No todo es lindo cuando se viaja pero…

Muchas veces, o casi siempre, lo que menos me gusta de hacer ride es la "obligación". No es obligación, claro, pero si te hablan tenés que hablar, aunque nunca faltó la oportunidad de contestar con un " sí" o "no" muy contundente y seco que daba a entender que no tenía muchas ganas de seguir con el diálogo.

Tampoco me gustan las esperas. En realidad nunca me gustó esperar y menos al sol y menos cuando estoy cansada. No me gusta que me preguntan una y otra vez si viajo sola, si tengo hijos o si estoy casada. Ya estoy harta de esas preguntas. Tampoco sabés con quien te podés encontrar.

Estas serían las desventajas.

Al cabo de una hora más o menos, el tipo dobló una curva y me dijo que iba a ese pueblo. Me dejó ahí,en el medio de la nada. Un lugar donde no había gente ni pueblo. Me bajo y no me gustó

nada.

Enfrente había dos tipos que me miraban y en ese momento no me sentí nada pero nada cómoda, al contrario. Me quería ir de ahí lo antes posible pero no paraba nadie, ni siquiera los buses ni los taxis, hasta que uno paró. Yo le dije que no tenía mucha plata y me dijo que me llevaba un poco. Después de un rato llegué a Valladolid.

Hacía mucho calor, ya estaba cansada antes de llegar a destino. Estaba sin efectivo, como hace unos días. Suelo pagar con tarjeta. En restaurants, supermercados, cafés. Cualquier lugar donde tenga un posnet y que pase la tarjeta.

Al cabo de unos minutos me siento en el restaurant de un hotel céntrico. Pido café y papas a la francesa, nunca supe porqué las llaman así. Ketchup y mayonesa no pueden faltar. Media hora después había atravesado la ciudad, es la segunda más grande del estado de Yucatán después de Mérida, su capital. Grande pero no tanto, aunque mis pies no pensaron lo mismo.

Antes de eso había estado en un supuesto cenote, en el que de reojo alcancé a ver el grado de oscuridad que su agua tenía.

El calor no impedía mi meta: llegar a Chichén Itzá gratis, sin pagar transporte ni entrada. Pero nadie dijo que fuera fácil, como la vida misma, al contrario. Se requiere espera y, sobre todo, mucha paciencia, voluntad y ganas de hablar con la gente, cosa que muchas veces no tengo.

Camino hasta la salida de la ciudad, como unas diez cuadras más o menos y llego a la salida de la ciudad. Al cabo de un rato me subo en un bus que me lleva y no me cobra. Treinta minutos después llego.

Hablo con alguien que vendía entradas y le dije que estaba viajando desde hace varios meses y quería hacer una nota. Me dijo que el lugar pertenecía por un lado a Yucatán y, por otro, a Quintana Roo y que debería hablar con dos oficinas distintas.

Voy a una de ellas y hablo con la persona. Le comento lo mismo y me dice que para eso necesito un permiso y que no me puede dejar pasar. Ahí, y por un momento, pensé que se me había complicado más el objetivo. Le sigo diciendo que estoy viajando desde hace casi un año y recorriendo las Siete Maravillas del Mundo, esto último no es verdad, aunque en algún momento lo voy a hacer.También le digo que vendía artesanías y le muestro un collar ( en algún escueto momento lo hice). Al cabo de un rato me da un papel que me hace completar con mis datos y me dice que deja pasar pero que tengo que dejar la cartera en paquetería porque adentro había artesanías (?).

En ese momento, aunque hubiese pensado que podía robar algo, no me importó. No le dije nada. Sólo gracias y mi sonrisa transformó mi cara. Contenta porque había cumplido gran parte de lo que me había propuesto llevo la cartera a esa sección y entro al parque.

Lo primero que me encuentro es esto:


COUNTRY


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I am an Argentinian journalist. I travel since eleven months around América. I love travelling and writing. I like to tell stories, experiences, to take photos, to write about rare things



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